Recuerdo en silencio, tus ojos,
que brillantes como diamantes,
me conducían a la locura.
Recuerdo tu voz, calma y rota,
en medio de la calle,
guiándome hacia la locura,
una locura, que acallabas, con besos,
con tus manos duras y firmes,
y que te bastaban para arrancarme el sueño.
Recuerdo, en aquella primavera,
de sol tibio, en el que día parecía eterno,
y tu merlot, danzaba en mi copa,
que en silencio, te fuiste
me dejaste con todos los recuerdos en la piel,
así como los besos, y las cartas escritas
con bolígrafo azul,
que suelo guardar en el cajón,
junto, con todo lo demás.

