EL CUMPLEAÑOS DE SCOTT
El Profesor estaba dispuesto a celebrarlo en la Mansión, eran días en los que la armonía reinaba, a Dios gracias.
Logan había vuelto a Canadá, detrás de una pista que lo conduciría a alguien que conocía a su familia, por lo que no estaba con nosotros, aparte el cumpleaños de Scott, no era, algo que le gustara mucho celebrar.
La gente de la Hermandad, por su lado, estaban controlados, así que por esa razón digo que estábamos en armonía.
Compré todo lo necesario, para que fuera una linda recepción, unos globos de colores, y unas guirnaldas, para decorar el comedor. Una rica torta con velas de muchos colores. Guardé buena parte de los comestibles en la heladera, junto, con el regalo que le compré en un lugar secreto.
Las demás mujeres de la Mansión me ayudaron, a poner la mesa, y los chicos ayudaron con la música y las luces. Estaba todo perfecto.
Poco antes de las siete, llegó Scott.
Sorprendido por tanto alboroto, se acomodó junto con el Profesor Xavier, en la cabecera. Todo era sonrisas, agradecimientos, y sentimientos alegres. Todo hasta que sonó el timbre.
Kitty, siempre alegre, abrió la puerta. Para su sorpresa y la nuestra era Erik, Magneto, para los que no lo conocen.Su presencia en nuestro hogar, no era casual. Debía hablar con su viejo amigo, el Profesor, y no podía esperar a la mañana, era de carácter urgente, según parece.
-Charles, viejo amigo, debo quedarme esta noche, se que sonará irregular, pero necesito quedarme. No quiero arruinar la velada, así que mañana te contaré el motivo.-Dijo el Amo del Magnetismo, con aire humilde y sumido en una gran preocupación.
-Sabés Erik, positivamente que mi casa es tu casa, adelante, acompáñanos con una porción de torta.- Indicándole que se siente a la mesa con nosotros.
Los más jóvenes, se alertaron al ver la presencia de este hombre que a veces ofició de nuestro enemigo, y otras de aliado.
Con un gesto amable y una palmadita en el hombro lo saludó a Scott. El resto de la cena fue, risas, y alegría. Aún con el gesto adusto del mutante recién llegado.
Con Ororo, levantamos la mesa, saludamos a los más pequeños, y dejamos que Scott, Charles y Erik, hablasen tranquilos.
-¿Qué ocurre Erik?-quiso saber Cíclope.
-Tuve una amenaza de Washington.-mi presencia lo interrumpió, me miró a los ojos, y sin usar la telepatía, comprendí que había algo más, ofrecí mis disculpas y en silencio, me fuí a mi habitación. Al poco tiempo, vino Scott, me besó en la frente y con un sincero “Gracias” se durmió a mi lado.
Pasaron las primeras horas de la madrugada algo de lo que había comido, estaba muy salado, por lo que me dio sed. En camisón, me levanté y fuí hasta la cocina.
Abrí la heladera y sacando una jarra con agua, me dispuse a beber. Cuando cerré la puerta, Erik estaba ahí.
-Tranquila, pequeña, no pasa nada.-dijo con voz suave, pero enérgica.
Lo miré un poco. Parecía que no había dormido, se lo escuchaba muy despierto.-¿Qué te pasa? Estás raro, incluso, con el Profesor, te has portado temoroso. Vos, no sos así.-le dije, mientras tomaba un poco de agua.
-Querida Jean.-comenzó.-necesito que me escuches, adelante de Scott y Charles, se me hace difícil decir esto.
El Amo del Magnetismo, estaba nervioso, y era raro. Una persona capaz de cualquier cosa, ante mi presencia temblaba como una hoja de un árbol a punto de caer.
-Hablá Erik, me estás poniendo nerviosa,- dije apurándolo.
-Estemmmmm….-dudó, pero sin mediar palabra me arrinconó contra la bajo mesada. Y me empezó a besar con violencia, luego bajó la intensidad, y su beso se fue convirtiendo en algo dulce,sus manos curtidas por el tiempo, me acariciaban de la manera más hermosa que había fantaseado en años. Sucumbí a su demostración de afecto, y yo también lo besé, acaricié su cabello entrecano, y sin apartar sus labios de los míos, me iba entregando. Hasta que escuchamos un ruido, que nos devolvió a la realidad.
-Erik, no podemos, no debemos en realidad.-le dije apenada, disimulando mi excitación.
–Jean, querida Jean, llevo años pensando en vos, en lo hermosa que te pusiste, en la hermosa mujer que sos. Soy hombre tengo necesidades.-dijo para defenderse.
-Lo sé.No sos el único. Yo notaba como me mirabas, pero entendé que yo le pertenezco a Scott.-dije excusándome.
-No, vos no le pertenecés a nadie.-dijo serio.
Por un momento, la luna reflejó en el cristal de la ventana un brillo, que impregnó mi rostro, mostrando mis mejillas rosadas, y mis ojos brillar, al mismo tiempo que hacía lucir mi camisón, el cual marcaba mi excitación.
Bastaron unos minutos de silencio, y miradas encontradas para saber que, nos deseábamos cada vez más.
El hombre conocido como Magneto, me alzo en sus brazos varoniles, aún fuerte a pesar de su edad, y me llevó al parque de la Mansión.
Atrás de un árbol muy viejo y grueso, nos besábamos como adolescentes. Nuestras manos recorrían cada centímetro, con lujuria y desesperación.
Me aferré a él con la ansiedad, al máximo, la desesperación por que me poseyera era cada vez mayor. Por su parte, él también estaba deseoso de hacerme su amante.
Con ternura, y un poco de salvajismo propio de la adrenalina hicimos el amor.
Luego de dos horas, vi que se prendía la luz de la habitación que comparto con Scott, y él se asomaba por la ventana, no podía salir de detrás del árbol, acomodándome la ropa interior por lo que esperé que se acostar nuevamente. Por suerte, para fue rápido.
El invitado, volvió al cuarto de huéspedes, y yo hice un pequeño acting, para disimular mi ausencia en la cama matrimonial.
-Scott, no me vas a creer, estaba durmiendo, y me despertó un ruido, perseguí ese ruido, y no era otra cosa que un gato, que se había metido en la Sala de Peligro, el bandido, se quería dormir, en los controles, lo tuve que perseguir un rato, por eso mi ausencia.-Dije inventando una historia, muy poco creible.
-Entiendo corazón, ahora vamos a seguir durmiendo, que Magneto mañana tiene mucho que explicar, sobre su repentina visita.-murmuró un dormidísimo Cíclope.
Nos dormimos hasta pasadas las ocho, en mi coexistían, la culpa y la adrenalina. Mientras me bañaba no podía evitar sonreir. Llegué al comedor, todos estaban desayunando, y nuestro huésped de turno, estaba explicando, la famosa amenaza:-Es muy simple Charles, un tipo de estos que están con el gobierno, me quiere asesinar por ser mutante. Necesito armar un equipo, el cual me acompañe para matarlo primero.-argumentó mientras me miraba.
-Lo lamento Erik, pero mis X-MEN, no son asesinos.-Sentenció el Profesor Xavierbebiendo un sorbo de café.
-Sabría que dirías eso-comentó un poco molesto Magneto.- Por eso viejo amigo, noinsistiré.-agarró una tostada de pan integral y la comió.
Desayunamos en paz. Cuando Magneto se fue. El Profesor, nos preguntó:-¿Estarían dispuestos a ayudarlo?
Scott y Ororo, se negaron rotundamente. Y Yo lo hice al poco tiempo, bajo la frase:-Usted, nos enseñó a defendernos, no a atacar y a abusar de nuestros poderes.
-Bien dicho Jean, son unas palabras muy hermosas-dijo el profesor, mientras se iba a su despacho junto, con Ororo.
-Jean, ¿tenés 15 minutos?- Dijo Scott sonriendo lascivamente.
-Para vos mi amor, tengo toda la eternidad.-le respondí sellando la frase con un beso.
Logan había vuelto a Canadá, detrás de una pista que lo conduciría a alguien que conocía a su familia, por lo que no estaba con nosotros, aparte el cumpleaños de Scott, no era, algo que le gustara mucho celebrar.
La gente de la Hermandad, por su lado, estaban controlados, así que por esa razón digo que estábamos en armonía.
Compré todo lo necesario, para que fuera una linda recepción, unos globos de colores, y unas guirnaldas, para decorar el comedor. Una rica torta con velas de muchos colores. Guardé buena parte de los comestibles en la heladera, junto, con el regalo que le compré en un lugar secreto.
Las demás mujeres de la Mansión me ayudaron, a poner la mesa, y los chicos ayudaron con la música y las luces. Estaba todo perfecto.
Poco antes de las siete, llegó Scott.
Sorprendido por tanto alboroto, se acomodó junto con el Profesor Xavier, en la cabecera. Todo era sonrisas, agradecimientos, y sentimientos alegres. Todo hasta que sonó el timbre.
Kitty, siempre alegre, abrió la puerta. Para su sorpresa y la nuestra era Erik, Magneto, para los que no lo conocen.Su presencia en nuestro hogar, no era casual. Debía hablar con su viejo amigo, el Profesor, y no podía esperar a la mañana, era de carácter urgente, según parece.
-Charles, viejo amigo, debo quedarme esta noche, se que sonará irregular, pero necesito quedarme. No quiero arruinar la velada, así que mañana te contaré el motivo.-Dijo el Amo del Magnetismo, con aire humilde y sumido en una gran preocupación.
-Sabés Erik, positivamente que mi casa es tu casa, adelante, acompáñanos con una porción de torta.- Indicándole que se siente a la mesa con nosotros.
Los más jóvenes, se alertaron al ver la presencia de este hombre que a veces ofició de nuestro enemigo, y otras de aliado.
Con un gesto amable y una palmadita en el hombro lo saludó a Scott. El resto de la cena fue, risas, y alegría. Aún con el gesto adusto del mutante recién llegado.
Con Ororo, levantamos la mesa, saludamos a los más pequeños, y dejamos que Scott, Charles y Erik, hablasen tranquilos.
-¿Qué ocurre Erik?-quiso saber Cíclope.
-Tuve una amenaza de Washington.-mi presencia lo interrumpió, me miró a los ojos, y sin usar la telepatía, comprendí que había algo más, ofrecí mis disculpas y en silencio, me fuí a mi habitación. Al poco tiempo, vino Scott, me besó en la frente y con un sincero “Gracias” se durmió a mi lado.
Pasaron las primeras horas de la madrugada algo de lo que había comido, estaba muy salado, por lo que me dio sed. En camisón, me levanté y fuí hasta la cocina.
Abrí la heladera y sacando una jarra con agua, me dispuse a beber. Cuando cerré la puerta, Erik estaba ahí.
-Tranquila, pequeña, no pasa nada.-dijo con voz suave, pero enérgica.
Lo miré un poco. Parecía que no había dormido, se lo escuchaba muy despierto.-¿Qué te pasa? Estás raro, incluso, con el Profesor, te has portado temoroso. Vos, no sos así.-le dije, mientras tomaba un poco de agua.
-Querida Jean.-comenzó.-necesito que me escuches, adelante de Scott y Charles, se me hace difícil decir esto.
El Amo del Magnetismo, estaba nervioso, y era raro. Una persona capaz de cualquier cosa, ante mi presencia temblaba como una hoja de un árbol a punto de caer.
-Hablá Erik, me estás poniendo nerviosa,- dije apurándolo.
-Estemmmmm….-dudó, pero sin mediar palabra me arrinconó contra la bajo mesada. Y me empezó a besar con violencia, luego bajó la intensidad, y su beso se fue convirtiendo en algo dulce,sus manos curtidas por el tiempo, me acariciaban de la manera más hermosa que había fantaseado en años. Sucumbí a su demostración de afecto, y yo también lo besé, acaricié su cabello entrecano, y sin apartar sus labios de los míos, me iba entregando. Hasta que escuchamos un ruido, que nos devolvió a la realidad.
-Erik, no podemos, no debemos en realidad.-le dije apenada, disimulando mi excitación.
–Jean, querida Jean, llevo años pensando en vos, en lo hermosa que te pusiste, en la hermosa mujer que sos. Soy hombre tengo necesidades.-dijo para defenderse.
-Lo sé.No sos el único. Yo notaba como me mirabas, pero entendé que yo le pertenezco a Scott.-dije excusándome.
-No, vos no le pertenecés a nadie.-dijo serio.
Por un momento, la luna reflejó en el cristal de la ventana un brillo, que impregnó mi rostro, mostrando mis mejillas rosadas, y mis ojos brillar, al mismo tiempo que hacía lucir mi camisón, el cual marcaba mi excitación.
Bastaron unos minutos de silencio, y miradas encontradas para saber que, nos deseábamos cada vez más.
El hombre conocido como Magneto, me alzo en sus brazos varoniles, aún fuerte a pesar de su edad, y me llevó al parque de la Mansión.
Atrás de un árbol muy viejo y grueso, nos besábamos como adolescentes. Nuestras manos recorrían cada centímetro, con lujuria y desesperación.
Me aferré a él con la ansiedad, al máximo, la desesperación por que me poseyera era cada vez mayor. Por su parte, él también estaba deseoso de hacerme su amante.
Con ternura, y un poco de salvajismo propio de la adrenalina hicimos el amor.
Luego de dos horas, vi que se prendía la luz de la habitación que comparto con Scott, y él se asomaba por la ventana, no podía salir de detrás del árbol, acomodándome la ropa interior por lo que esperé que se acostar nuevamente. Por suerte, para fue rápido.
El invitado, volvió al cuarto de huéspedes, y yo hice un pequeño acting, para disimular mi ausencia en la cama matrimonial.
-Scott, no me vas a creer, estaba durmiendo, y me despertó un ruido, perseguí ese ruido, y no era otra cosa que un gato, que se había metido en la Sala de Peligro, el bandido, se quería dormir, en los controles, lo tuve que perseguir un rato, por eso mi ausencia.-Dije inventando una historia, muy poco creible.
-Entiendo corazón, ahora vamos a seguir durmiendo, que Magneto mañana tiene mucho que explicar, sobre su repentina visita.-murmuró un dormidísimo Cíclope.
Nos dormimos hasta pasadas las ocho, en mi coexistían, la culpa y la adrenalina. Mientras me bañaba no podía evitar sonreir. Llegué al comedor, todos estaban desayunando, y nuestro huésped de turno, estaba explicando, la famosa amenaza:-Es muy simple Charles, un tipo de estos que están con el gobierno, me quiere asesinar por ser mutante. Necesito armar un equipo, el cual me acompañe para matarlo primero.-argumentó mientras me miraba.
-Lo lamento Erik, pero mis X-MEN, no son asesinos.-Sentenció el Profesor Xavierbebiendo un sorbo de café.
-Sabría que dirías eso-comentó un poco molesto Magneto.- Por eso viejo amigo, noinsistiré.-agarró una tostada de pan integral y la comió.
Desayunamos en paz. Cuando Magneto se fue. El Profesor, nos preguntó:-¿Estarían dispuestos a ayudarlo?
Scott y Ororo, se negaron rotundamente. Y Yo lo hice al poco tiempo, bajo la frase:-Usted, nos enseñó a defendernos, no a atacar y a abusar de nuestros poderes.
-Bien dicho Jean, son unas palabras muy hermosas-dijo el profesor, mientras se iba a su despacho junto, con Ororo.
-Jean, ¿tenés 15 minutos?- Dijo Scott sonriendo lascivamente.
-Para vos mi amor, tengo toda la eternidad.-le respondí sellando la frase con un beso.
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